viernes, abril 21, 2006

En busca del Quijote, por Ulises Fidalgo Prieto.

Lamentablemente el Quijote es una obra genial y fascina demasiado para que podamos resistir la tentación de buscar análogos entre nosotros los vivos. Pero les recuerdo que es sólo un personaje de ficción. Fue creado por Cervantes para advertir a los lectores de los efectos nocivos de las novelas maluchas de caballerías. Alonso Quijano fue pintado por Cervantes como un pobre imbécil (es la palabra correcta) que hablaba con el tono solemne, rimbombante y cursi que encontraba en la literatura que leía.
 
Es absurdo encontrar en nuestro tiempo un análogo: ¿Cuál podría ser ahora considerada una casta de hidalgos decadentes, sin razón de ser, porque ya las guerras han terminado? Buscarlo es tan absurdo como esperar que haya un joven de clase acomodada, antiguo niño pijo, de familia provinciana de izquierda, que añore la época en que la guerra fría mantenía la apreciada bipolaridad. Ciertamente es difícil ver ahora por los campos de Castilla a alguien ataviado con las armaduras de su abuelo, muerto heroicamente en una guerra del siglo anterior, quizás la guerra civil española, y hablar con el lenguaje rimbombante, solemne y demagógico de libros fáciles que “secan la inteligencia”.
 
Imposible, si alguien así apareciera, provocaría tanta perplejidad en los españoles, que su fama muy probablemente le permitiría ser elegido presidente del gobierno. Evidentemente, esto no ha ocurrido porque José Luís Rodríguez Zapatero para nada se parece al personaje ridículo que describió Cervantes, como advertencia de las malas lecturas.


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