martes, mayo 22, 2007

Sesenta


Se sentía que en algún momento tenía que decir adiós.

el vaso que tal vez no fuera tal cosa

sentenciaba un adiós.


Odiaba decir adiós

como odiaba a dios por no haberlo creado, por no haber creído en él .

Se negaba a las despedidas.


Había perdido la noción del tiempo.

No es el tiempo, es lo que pasa en el tiempo. Se lo dice todos los días desde que no quiere saber porqué se quedó encerrado.


Sesenta segundos, sesenta minutos, sesenta horas, días, semanas...imposible llegar a sesenta meses.


Traicionar un bonito adiós lleno de sonrisas, de espaldas vueltas con lágrimas en los ojos, guardar silencio... y de fondo la taladradora de la casa de enfrente.


No hay final feliz. No hay.








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