lunes, noviembre 03, 2008

A José Hierro

Cuando llegaste a mis manos contaba con 17 años,
comiendo la hogaza de los 18 - decía mi abuela Cira -.
Eras un regalo de mi padre, el primer poeta venido de sus manos.
Pronto entendí -el hijo adoptivo de Santander -.
Dormiste durante años entre mis proyectos de lectura hasta hoy
justamente hoy, que ando yo como los gatos.

Me mezclo entre demonios y alucinaciones,
a contemplar la lluvia como gotas que nacen grises del cálido cáliz.
Es ahora y no entonces.
Es ahora al avivar mi voz en tus versos,
al macerarlos cada noche en mi cuna, en soledad
que me sereno en tu locura del tiempo.
Cerrando los ojos, viajando al pasado, regresando poco a poco.
Posando cada uno de los años sobre la almohada húmeda de tu semántica y extender - tras su lectura- mis poemas hasta secar la tinta.

Despacio, respirando imágenes
...En voz baja repetí
y repetí
y repetí los que guardo bajo la esquina doblada.

No hay comentarios: