jueves, diciembre 04, 2008

Nos gusta

Poema compuesto a partir de textos individuales de Susana Recóver, Ana Sáenz-Messía, Vicente Navarro y Giusseppe Domínguez.
El orden, alterado, ha sido definido por Ana del Vigo, Ana Sáenz-Messía y Giusseppe Domínguez el 2 de diciembre de 2008.


Nos gusta Alfa cuando sale del baño,
el calorcito y el sol;
la cerveza.
Nos gusta reír,
despertar al lado de Xi y girarnos para ver a Pi,
jugar con jugones,
los abrazos de Lambda que desea amor
y dormir junto a nuestra hija,
sentir su cuerpo tibio y su respiración murmurando sueños en nuestro cuello.
Nos gusta estar solas. No siempre pero cada vez más.
Dejar volar los globos rojos de Kappa y perderlos de vista,
el azul,
el sexo,
y el mar caribe, plácido y tibio como un útero.
Nos gusta la drogadicción que supone escribir poemas
y detectar nuestra soberbia, nuestra crueldad, nuestros errores para transformarlos o al menos achicarlos.
Nos gusta saltar por encima de Beta y aterrizar sobre Delta,
la voz grave de mujeres pequeñas,
el aguacate y las empanadas criollas.
Soplar el cabello de Ji mientras la luz lo atraviesa
y la noche,
y el atardecer.
Nos gustan los rizos de Ny que tanto peina,
algún objeto inanimado y muchos animados,
los mejillones y el vino blanco helado a la orilla del mar
con la rotundidad de Ípsilon cuando conversa y se quiere hacer entender.
Nos gusta el universo entero,
correr en el campo,
sudar y luego ducharnos con Theta para que frote nuestra espalda.
Nos gusta terminar de comer con un poco de alcohol en vena y sentir que no nos cabe más,
sentir los latidos al límite de toda nuestra sangre y el ruido de las hojas secas bajo nuestras zancadas
y callar ante Ro cuando decide callar
y la forma de andar de los profesores de danza contemporánea.
También es alucinante el poder trasmitir lo que ya sabes y te apasiona,
la sonrisa de Lota en cualquier rincón,
la forma de vestir de Carmen,
y bailar para bailar, reír para reír y así suma y sigue hasta veinte. Cuando no hay miedos, ni objetivos, ni fines… cuando eso se consigue no importa si estás comiendo, fumando, follando, observando o cualquier otro gerundio por que estás y ya, y eso nos gusta: es lo más vivo que se puede estar.
Nos gusta la puntualidad de Omega y su sentido del tiempo
con las palabras esdrújulas,
los tostones, las tortas de casabe y los besos de tornillo.
El día, y algunas noches.
El negro; el color.
Nos gustan los trenes y el ruido de la estación
y el silencio,
y el oblicuo caminar al cruzar una calle sorteando un paso de peatones,
escucharnos atentamente - es muy difícil, pero es la única manera de aprender a cuidarnos. Esto es igual hacia fuera. Comprender a los que nos rodean no para juzgarlos si no para facilitárselo en la medida de nuestras posibilidades que son muy muy muy limitadas. Y esto necesita de la reflexión que no cabe en el instante.
Nos gustan los poemas de Sigma que tan bien recita,
cuando algo nuevo consigue entrar, aprender no es tan fácil; siempre vemos lo que ya conocemos de alguna manera, pero cuando ocurre es la hostia.
Nos gusta Gamma cuando canta las mañanas,
leer los domingos por la tarde, especialmente si llueve
y buscar palabras a ras del suelo
aunque sean malévolas y escurridizas como serpientes.
Nos gusta nuestra familia, loca, libre, compleja
y las mujeres
y que Digamma, Stigma, Heta, San, Sho, Qoppa y Sampi estén obsoletas.
Salir del brazo de Tau y pasear,
escribir sabiendo que sólo nuestra familia poética va a leer nuestras palabras,
algún hombre,
las fiestas de Fi y Psi que nunca se desmandan.
Nos gusta el ruido, a veces
y las tildes de Ómicron con su acento exótico,
deshacer un chiste, o un acertijo o un poema…
Nos gustan las galletas de My ordenadas en un platito adornado de leyenda
y algunas playas oceánicas que revientan en decenas de olas sobre la arena
junto al encuentro feliz con un cuerpo deseado.
Nos gusta Épsilon y Eta cuando nadan al unisono
y el frío.
Creemos que todo lo que digamos a partir de ahora remitirá al punto uno o al punto dos por eso haciendo medio trampis nos plantamos aquí.

Nos gusta charlar tardes infinitas con Dseta y su vanidoso perrito
ver como el día se fragmenta en colores vivos y verlo languidecer hasta que sea de noche,
la megafonía y algunos hombres que suelen viajar solos con maletines pequeños,
la noche,
la luz dorada del otoño germinando entre las nubes,
el vino tinto y, sobretodo, el estado de laxitud que provoca esa copa de más…

2 comentarios:

Paqui dijo...

guapisimo!!!bravo compañia poética

Ijana de Aras dijo...

Me encantó!!