sábado, enero 10, 2009

Cumpleaños (o lo desconocido)

Ilustración de Aida Rodriguez



Van cambiando las estaciones
(yo me rijo por ellas).
Detesto los segunderos y el abismo tremendo
que cubre, desafiante,
el espacio infinito entre las “y cinco” y las “y diez”.

El demiurgo (malvado?), del que soy marioneta,
me situó en la incertidumbre del comienzo,
del “Érase una vez”.
Me columpio en la “E” (es bonita en su forma).
Sin embargo (y me duele porque me siento bien) sé que, haciendo volteretas,
me conminan (mis propias elecciones) a otra vida.
“Begin the beguine”, qué miedo da.

Pruebo la nata y me regodeo en ella y en mi dedo
(la nata con Heno de Pravia sabe a poesía de Lorca)
y me da miedo lo pequeña que me siento.
Vuelvo al chocolate, para obviar el pensamiento,
y entierro en él un anillo (no me gustan las sorpresas desconocidas).

Se oye el agua de la fuente. Olor a Dueñas. El sol anda bajo (son las dos).
Ellos saben que volverán a ser.
Agua que renace sobre el pilón, limoneros que se huelen, Luz eterna.
Las cosas sobre las que escribo son inmemoriales…
Y las miro desde la incertidumbre de mi “yo seré”.
Cuando “yo sea”, ellas seguirán ahí.

No puedo volver atrás (el pasado anda ya criando malvas).
Y me veo con el tacón puesto en lo incipiente.
Zapatos de ante para recibir lo que venga
(“qué será, será…”)
y gafas de cerca para contemplarlo bien.

Vuelvo a la tarta (¿por qué nací en el mes más frío con lo que lo detesto?)
Y le soplo tres velas.
Prometo ser una nena mala
y tener buena conciencia cuando abrace la nocturna almohada.
Lo que tenga que venir…¡que se apresure!
Yo le espero sentada, con un catalejo, en mi patio andaluz.
(con restos de bizcocho en el regazo y miedecito de copla andando en el corazón)


Carmen Garrido

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