jueves, junio 18, 2009

Manojo de espuma


Alzas un gordo
trozo de espuma con tus manos diminutas
y te quedas mirándola
ensimismado.

Luego me miras
y te ríes.

Y otra vez miras la espuma entre tus manos diminutas
y te ríes.
Y otra vez... y otra vez te ríes.
Y otra vez
alzan tus manos la risa contagiosa de la espuma,
sus contornos mágicos,
que ahora llenan toda la bañera y el baño,
que se filtran
por la rendija diminuta de la puerta al mundo.

Gracias, hijo, por el regalo luminoso de tu risa
que ahora es mía.

Se la regalaré a los otros.

Sobra un trozo de espuma en cada casa
para reírnos juntos.

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