martes, diciembre 15, 2009


Hayedo viejo

El pelo se pobla de ramas y tu piel de cerrojos,
eres un cristal donde la angustia traspasa el hambre.

Tu espalda es el plumaje de la soledad donde se desnuda la muerte
y el rostro el mapa del conocimiento.

Todo tu recorrido se queda entre las piedras
y al final, el túnel de tus ojos se queda en blanco.

Circundas como un árbol alrededor del sol
con clavos en el pecho
y las manos repletas de llagas.

Hay un trozo de piel que no habla
otro trozo que solo susurra
y un vacío que no puede callar.

El corazón se queda sin memoria
se para,
se desgarra hasta morir,
y te lo doy para que lata.

Mi ombligo se queda en el centro de todo
con un silencio que no cesa
y una voz que se repite.

Deseo calmar mi tristeza
pero no puedo saciarme
porque mi cuerpo siempre está desnudo.



1 comentario:

Ana del Vigo dijo...

hola teresa!!!me ha impresionado tu poema...cómo no sabía que tuvieras el pseudónimo no sabía que eras tú...y será por lo que sea me he llevado una alegre sorpresa...me ha encantado, te seguiré leyendo y espero verte pronto por el taller, que hace un huevo que no vienes!!!