jueves, abril 08, 2010

EL ABSURDO

I

Miércoles por la tarde, última hora interesante del día. Tropiezo de un despistado en medio de clase. Giusseppe, policía sabueso, nos devuelve al paraíso de las palabras. Las palabras son gotas en la mano del tiempo. Giusseppe no las considera como gotas sino más bien como números giratorios que se descuelgan del alfeizar de la ventana y caen, como sin querer pero queriendo, por los huecos de nuestra incontrolable imaginación. Alguna, más liberal que otra, se pasa de mano en mano, de boca en boca, de corazón a corazón entre todos los alumnos mientras el sabueso sigue buscando en la intensidad de la habitación una palabra errante, desnuda de significado pero con una profundidad tal que...

II

Nadie le dijo que había un dragón en la ventana del pasillo, pero cuando se adentró en la oscuridad, vio unos ojos encendidos y una curiosa sonrisa que supo, no era de temer. Era un drágón pequeño, del tamaño de la palma de la mano, pero con un olor intenso, de dragón grande, a fuego anhelando carne chamuscada. Pasó junto a él muy despacio, de puntillas (el dragón estaba durmiendo la siesta) y le rozó la pata de la cola con una flor amarilla. Abrió los ojos lentamente, como pestañas de acero que no quieren abrirse a la realidad. Olfateó mi cercanía y sentí su curiosidad por mi olor, olor de chica grande que ha comido frutas de Aragón.


(escritos en tandeo por Dolores y Ernesto)

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