lunes, junio 14, 2010

abarcarte

Me revuelco en tu recuerdo en las horas.
Pasan contadas en un sueño.
Ando caminando en un cuarto oscuro, tapiado, palpo cada tropiezo que se cruza con el miedo de caerme, abrir heridas que irremediablemente una ciega no va a curar.
Busco la enredadora guía, hasta tu centro, para tenerte y contenerme y te veo alejarte, mi cuerpo se reduce a un vacío orgánico, a una copia, un mal calco, difuso, en blanco y negro, y todo mi deseo es revelarme, volverme de nuevo hacia ti, para abarcarte, rodearte con mis brazos y mis deseos y volverme esta enredadera para penetrarte como un riego sanguíneo.
Siento esa sed, imparable, inabolible, te alejas, y me encuentro en ayunas, hambrienta, en estado caníbal con la vigilia cambiada, confundiendo el estado con la supervivencia.
En verdad, sólo necesito una parte de ti, de tu tiempo, de tus horas, contadas en historia, para abarcarme, y solucionar este hueco, esta sed de mi alma vaginal. Me revuelco en el recuerdo de tus piernas, de tu cadera recta, tu pecho plano, la llamada de tu voz cuando el placer te arranca la blandura del vientre, la dureza del miembro, la materia sanguínea exteriorizándose.
Y veo que te alejas, y toda mi energía se vuelve hacia ti para volver a seducirte volver a conquistarte, y tristemente mi vuelo, se desproporciona, cansado, mis alas vuelven a ser una copia.

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