miércoles, marzo 07, 2012

Mi abuela (Natsumi)


Mi abuela

Asami, mi querida obaachan Así se llama mi abuela. Asami significa belleza de la mañana porque nació al despuntar el alba de hace ya muchos, muchos años. Sin embargo la imagen que tengo de mi obaachan, a pesar de su edad, es la de una mujer que se mueve con agilidad a través de nuestros jardines repletos de azaleas, cortando con precisión y ordenando con sutileza los ramos que compondrán los arreglos florales de nuestras habitaciones.
Mi obaachan, nació en la prefectura de Chügoku, entre Izumo y Matsue, muy cerca de donde se encuentra uno de los santuarios Sintoístas mas antiguos de Japón, lleva tiempo preparando nuestro viaje para ir al Santuario, para pedir al dios Okuminushi que mi matrimonio salga bien (también ella fue en su día acompañada de su madre). Ella que fue la pequeña de una familia de cuatro hermanos, la única niña, a veces pienso, que por eso es tan afín a mi y me comprende tanto, ser mujer en Japón en aquella época no tuvo que ser fácil, tampoco hoy lo es para mí.
Mi abuela guarda muchas de sus costumbres ascentrales que ha sabido transmitirme con su delicadeza y su paciencia, costumbres de las que a veces soy muy poco consciente, salvo cuando me llaman la atención en otros. Me ha enseñado cosas como a no agregar excesos de silabas a las palabras, opina que es de gente común y que yo no debo serlo, a veces la sorprendo observando mi manera de vestir tan occidentalizada y que tanto detesta, y de repente dice; -flores de cerezo cubiertas de nieve, eso es elegancia-. Entonces contemplo lo que llevo puesto, sonrío y abro la puerta del armario dejando a la vista de sus ojos todo mi vestuario, asiente con la cabeza, hace un rápido repaso a la ropa y exclama; -Un chaleco blanco sobre algo morado o una chaqueta blanca sobre fondo de pantalón y camisa de una sola tonalidad-. Ella conserva su manera tradicional de llevar los Wafuku, me encanta uno en particular de otoño con un estampado de hojas de arce. En otras ocasiones, como si ya presintiera algo, me prende una flor malva seca en el sombrero, o en la chaqueta y antes de que abra la boca, contesta que es para que despierte los recuerdos queridos de la memoria, que no lo olvide, también me pide que cuide mi caligrafía y que en caso de no ser perfecta me olvide de escribir sobre papel rojo, para ella es algo de muy mal gusto, un inconveniente que no se debe mostrar en público, mi obaachan también ama las grullas, porque son símbolo de longevidad, tengo varios dibujos de grullas pintados por ella ya guardados entre las cosas que debo llevarme.
Con ella reinterpreto las costumbres y las vuelvo mías. En estos días en los que vislumbra mi tristeza, me agarra la mano y me cuenta; -Natsumi cuanto más pesada es nuestra carga más a ras de la tierra, más real, llevaremos nuestra vida-. Yo le pregunto que de donde saca esas ideas, me contesta que las ha leído en el libro de la almohada, añade que yo también debería leerlo, y agrega: -hoy, después de una vida tan larga, puedo decir que he vivido a ras de la tierra-. Entonces aprieta mi mano y me sonríe desde los ojos, sonríe con esos ojos casi negros, que nunca voy a poder olvidar. Por todas estas cosas mi querida obaachan daisaki , y te voy a echar tanto de menos que ya me duele.



Natsumi

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